sábado, 9 de enero de 2010

TDAH//AD-HD ¿Tiene Ud. un niño/a con problemas de escolaridad y/o aprendizaje?

Si la noche es tan oscura que no llegas a divisar tus propias manos, puedes estar seguro de que el alba está muy cerca.

Proverbio

Muchas veces, cuando un papá o una mamá llega a la consulta por un problema de escolaridad o de atención de su niño/a, les pregunto cómo se llevan con el NO y generalmente la respuesta es la misma:

¡Nos gana por cansancio!

De ser así, sería muy bueno que leyera este decálogo

CARTA DE UN HIJO A SUS PADRES

  • No me des todo lo que pido. A veces solo pido para ver hasta donde puedo presionar y salirme con la mía.
  • No me grites. Te respeto menos cuando lo haces; y me enseñas a gritar a mi también y yo no quiero hacerlo.
  • No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
  • Cumple las promesas buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo, pero también si es un castigo.
  • No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mi hermana. Si tú me haces sentir mejor que los demás; alguien va a sufrir; y si me hacer sentir peor que los demás; seré yo quien sufra.
  • No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide y mantén esa decisión.
  • Déjame valerme por mi mismo. Si tú haces todo por mi, yo nunca podré aprender.
  • No digas mentiras delante de mi, ni me pidas que lo haga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentirme mal y perder la fe en lo que me dices.
  • Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga por qué lo hice. A veces ni yo mismo lo sé.
  • Cuando estás equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti, y así me enseñaras a admitir mis equivocaciones también.
  • Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con la que tratas a tus amigos. Porque seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.
  • No me digas que haga una cosa, cuando tú no la haces. Yo aprenderé de lo que tú hagas, aunque no lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.
  • Cuando te cuente un problema mío, no me digas “no tengo tiempo para bobadas o tonterías”, o “eso no tiene importancia”. Trata de comprenderme y ayudarme. ¡Contiéneme!.
  • Y si me quieres, ¡dímelo!. A mi me gusta oírtelo decir, aunque no lo creas necesario.
  • Y abrázame mucho, tu amor expresado en el abrazo es una medicina para mis heridas


Excesivamente inquietos, con mal comportamiento en clase o que no prestan atención.

¿Será cuestión de carácter, trastorno psicológico o trastorno neuroquímico?

A veces los niños no hacen caso de los mayores, a menudo muestran un comportamiento impulsivo, muchas veces se portan mal o parecen moverse demasiado ( hiperactivos). Todos sabemos que esto pasa cada día con muchos niños/as o adolescentes, que unos hijos son más revoltosos que otros y casi parece imposible pensar que no sean así. Al menos a veces.

En otras ocasiones, el problema puede responder a un trastorno denominado TDAH o ADHD : trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Aunque se viene hablando desde hace más de treinta años de este problema (se estudia desde principios de siglo), sólo en 1994 fue incluido por la Asociación Americana de Psiquiatría dentro de los manuales de diagnóstico de enfermedades y trastornos mentales (el denominado DSM IV, por ser su cuarta edición el estándar para el análisis de los problemas mentales).
Los tres síntomas principales del TDAH o ADHD son falta de atención, hiperactividad e impulsividad, aunque la forma en que se manifiestan son variadas y no siempre se presenta la hiperactividad en todos los casos.

En algunos, lo más característico es el déficit de atención, aunque en otras es la impulsividad o la hiperactividad el factor preponderante. La combinación de los diferentes síntomas compone un cuadro complejo, y muestra de ello es que ni siquiera en los foros internacionales se acaba de definir el TDAH o ADHD como una condición específica: la propia Organización Mundial de la Salud la considera parte del llamado trastorno hipercinético (en la clasificación estadística de enfermedades CIE-10).

La forma de evaluar la existencia del trastorno también es difícil, porque en general los síntomas se consideran relevantes cuando son más intensos o más frecuentes que “lo que es normal” en niños de la misma edad y condición. Se trata por lo tanto de una evaluación a partir de las conductas observadas, y ello exige una discriminación que no siempre es posible. Se considera que es probable la presencia del TDAH cuando los síntomas aparecen tanto en casa como en la escuela, cuando se presentan antes de los siete años, y cuando no están asociados a momentos específicos o a la existencia de otros trastornos mentales.

Por ejemplo, se ha comprobado que a veces se asocian conductas de falta de atención con o sin hiperactividad en procesos relacionados con el trastorno bipolar, o simplemente con las depresiones. Algunos expertos consideran que en la base hay una dificultad en el autocontrol del niño, un déficit para inhibir las conductas prepotentes. En otros casos, se buscan más las causas en una incapacidad de responder a los estímulos que habitualmente los niños reciben para el aprendizaje. Habría entonces un déficit de estimulación. Las dos visiones no son simplemente contrapuestas, y ello pone de manifiesto que la conducta de los niños menores de siete años no es separable en términos mentales de los emocionales o los sociales (el entorno familiar y escolar en que viven).

Existen investigaciones que buscan un componente hereditario en el TDAH, y se estima que una cuarta parte de los niños que sufrieron trastornos tienen padres biológicos similares. Sin embargo, dada la relativa novedad de la consideración del mismo como un trastorno específico, no es sencillo disponer de líneas familiares en las que se pueda establecer un vínculo más completo. Habitualmente, el proceso de diagnóstico se demora varios años, porque los síntomas son a menudo tomados por problemas en el aprendizaje o la socialización del niño: se suele considerar que son simplemente niños descuidados o distraídos, o que son impacientes y a veces entrometidos.

El resultado suele ser un mal rendimiento en la escuela: retraso en los estudios, fracasos que a veces le dejan sin amigos, o un estado depresivo causado por las continuas críticas que recibe en su entorno. Según los pediatras y psicólogos educativos no siempre es posible establecer si hay una condición como el TDAH detrás de esos problemas, que se dan, en diferentes grados, en casi todos los niños en algunas épocas de su vida. Este hecho no sólo dificulta el diagnóstico, sino que incluso ha sido objeto de debate entre expertos durante muchos años, por ver si realmente existe el TDAH o simplemente el “niño promedio”, perfecto estudiante y educado, atento y tranquilo, es simplemente un ideal que, por más que muchos padres y educadores quisieran que fuera lo habitual, se da de bruces con una realidad mucho más agitada: la misma realidad de la infancia.

Tómese, por lo tanto, el TDAH con mucha atención, pero sin exageraciones: los padres han de estar siempre atentos a las conductas de sus hijos, y establecer una buena relación con los educadores que pasan con ellos gran parte del día. Sólo así se podría ir discriminando si esa dificultad para prestar atención o escuchar, o para cumplir las órdenes de los adultos, o si encuentran que son demasiado inquietos, que siempre parecen necesitar estar haciendo algo y no paran sentados ni un sólo momento, responde realmente a un trastorno o son cosas de la edad.

Nuevos métodos en la educación

Para ayudar a los niños con TDAH se considera que hay que estimular su atención y desarrollar los mecanismos adaptativos que en los demás niños permiten una conducta y un aprendizaje convencional. Lo complejo, más bien difuso, del trastorno, provoca a menudo que no se establezca su existencia pronto, sino que se produzca un proceso de varios años en los que los padres y losdemás del niño, van intentando poner remedios sin encontrar soluciones adecuadas.

En opinión de la psicóloga educativa Sydney S. Zentall, del “College of Education” de la Universidad de Purdue, en Indiana (EEUU), “abundan más las modas y las recetas caseras que métodos basados en la investigación educativa”. Zentall acaba de publicar un libro sobre estas investigaciones, tras treinta años de trabajar con niños con TDAH. En él se centra en la necesidad de una labor coordinada entre educadores, psicólogos y padres para una mayor efectividad.

En el mundo existen fundaciones como en España: ADANA (www.f-adana.org) y en nuestro país, Argentina, la Fundación TDAH (www.tdah.org.ar) o la prestigiosa Fundación de los Lic. Rubén y Mariano Scandar www.fnc.org.ar

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